15 abr. 2012

Reflexiones sobre la educación en el Siglo XXI

Esta semana XL Semanal ha publicado un artículo muy interesante sobre lo que hacen algunos exitosos profesores para explicar sus materias. Se titula "Estos profesores están revolucionando la enseñanza" y recoje la forma novedosa de transmitir los conocimientos por algunos profesionales.
Un día decidieron grabar sus clases en vídeo, colgarlas en la red y, de pronto, se convirtieron en un fenómeno capaz de revolucionar la enseñanza. el éxito de estos profesores, con sus clases gratuitas, de calidad y `adictivas´, calienta el debate sobre cómo adaptar el sistema educativo al mundo del siglo XXI. 
SALMAN KHAN: ``Quiero hacer de la escuela un lugar divertido y eficaz´´
WALTER LEWIN:
``Lo que se enseña en las aulas sirve de muy poco en la vida real´´
JUAN MEDINA: ``La labor del profesor no es demostrar lo que sabe, sino transmitir´´


En el fondo, la reflexión es que la enseñanza debe afrontar, como todo, una adaptación a los nuevos tiempos que vivimos.


«La escuela es aburrida». «El mundo entero se está transformando, pero el sistema educativo no ha cambiado desde el siglo XIX». «El modelo del profesor que suelta la lección a sus alumnos y luego los examina bajo un patrón estándar ha caducado». Bajo estas premisas, expertos de medio mundo llevan años pensando en cómo adaptar las aulas al siglo XXI.

Un debate que, hasta hoy, no parecía estar aportando grandes cambios al modo en que aprenden nuestros hijos. El éxito de la Academia Khan –un proyecto que ofrece clases gratis en Internet, que acumula casi 140 millones de visitas y cuyos vídeos ya se utilizan en el programa escolar en varias escuelas de California–, sin embargo, parece haber agitado la discusión en el seno de la comunidad educativa.

El gran eje del debate es cómo hacer atractivos el aprendizaje y la enseñanza. Una misión en la cual las nuevas tecnologías están llamadas a jugar un papel decisivo. Proyectos como la Academia Khan o el del valenciano Juan Medina, cuyos vídeos(www.lasmatematicas.es) cuentan ya con más de 20 millones de visitas, así parecen demostrarlo.

Ni Khan ni Medina, en todo caso, cuyas iniciativas arrancaron en 2006, son pioneros en este campo. Tres años antes, el astrofísico Walter Lewin convulsionó la enseñanza de la física con demostraciones prácticas que colgaba en la web. En sus clases, Lewin dejaba que una bola de acero colgada de un péndulo se acercara a su mentón o que la corriente eléctrica fluyera por su cuerpo. Hoy, sus más de cien vídeos acumulan dos millones de descargas cada año.

La idea detrás de esta enseñanza abierta y compartida es sencilla: se graban las lecciones y se cuelgan al alcance de cualquiera en cualquier momento y en cualquier lugar. Las de Khan, por ejemplo, comenzaron a ser utilizadas en 15 escuelas de California al inicio del presente curso escolar. «Los alumnos –explica Khan–ven los vídeos en sus casas, pueden rebobinar, detenerse, ir hacia adelante, verlo las veces que deseen; la lección está así siempre a su disposición». Al día siguiente, en clase, comparten lo aprendido, resuelven dudas y se desarrolla la interacción entre el profesor y sus alumnos. «Todos aprovechan mejor el tiempo que pasan juntos –añade Khan– con ejercicios prácticos y actividades en grupo».

Este nuevo concepto se ha dado en llamar flip teaching (`darle la vuelta a la enseñanza´) y lo que propone en última instancia es invertir el método donde el profesor habla y los alumnos escuchan. Los mayores críticos del flip teaching, curiosamente, acusan a gente como Khan o Medina de ser demasiado tradicionales en su forma de enseñar. Los constructivistas, defensores del aprendizaje por descubrimiento, donde el alumno aprende las cosas por sí mismo para que así desarrolle su destreza para resolver problemas, no ven nada significativo en esta tendencia. Para este grupo, que promueve una revolución para que en las aulas domine la experimentación, lo que hacen Khan o Medina sigue siendo transmisión de conocimiento, no construcción del mismo.

Discrepancias aparte, la idea de que el modelo tradicional ha perdido validez despierta amplio consenso. Así lo cree Juan Freire, experto en cultura digital y ponente en el próximo Congreso Ciudadanía Digital, que acogerá San Sebastián los días 8 y 9 de mayo: «La educación se ha basado siempre en la transferencia de conocimientos del profesor al alumno –subraya–. Ahora, esta transferencia puede producirse de otras maneras».

Richard Baraniuk, fundador de Connexions, una pionera web de código abierto donde compartir, reutilizar, recombinar, interconectar y enriquecer libros de texto, conmocida ya como el `Napster de la educación´ asegura que, de hecho, en un aúla, a partir de la tercera fila el grado de atención decrece exponencialmente. «Si lo que quieres es contarle algo a alguien –argumenta Baraniuk– una clase-conferencia puede ser útil, pero si quieres que aprenda de verdad, su eficacia es relativa».

«Los niños de hoy –abunda el británico Ken Robinson, autor del Informe Robinson, texto clave sobre los retos de la educación en el siglo XXI– se están criando en el periodo de estímulos más intenso de la historia: Internet, móviles, publicidad, televisión… y son penalizados en la escuela cuando se distraen. Pero ¿de qué se distraen? Pues de cosas aburridas, casi todo lo que se les enseña en el colegio». Por eso, para Robinson, una de las premisas básicas que debe plantearse cualquier reforma educativa es no aburrir.

Khan es de los que han tomado nota de este principio. Así lo entienden, al menos, los millones de personas que han dejado sus comentarios de agradecimiento en su web. «Recuerdo –cuenta Khan– uno de los primeros que recibí: `Por primera vez en mi vida me he reído haciendo derivadas´. Poco después recibí otro: ''Mi hijo de 12 años es autista y las matemáticas eran para él una pesadilla. Nos tropezamos con sus vídeos sobre decimales y lo entendió enseguida. No nos lo podíamos creer. Imagínese –subraya Khan–, yo era analista de riesgos; no estaba acostumbrado a esto [se ríe]. Me hizo sentirme muy bien y decidí seguir». Ahora, seis años después, arropado por los grandes popes del negocio tecnológico, Khan piensa a lo grande: «Quiero ofrecer conocimiento de calidad sobre cualquier tema. Y gratis. Me gustaría hacer de la escuela un lugar divertido y eficaz, características que hoy no reúne».

Los vídeos que Khan realiza no son visualmente arrebatadores: su voz suena sobre un fondo negro a modo de pizarra en el cual sus explicaciones van traduciéndose en imágenes. Su estilo entusiasta y ameno, así como la entrega que pone en cada lección, es el factor que ha seducido a sus millones de seguidores. Es decir, la tecnología, para Khan, no es más que un vehículo bien aprovechado; sin talento comunicador, nadie le habría prestado tanta atención.

Internet aporta, en este sentido, un elemento de juicio inapelable. De entre toda la maraña de profesores y divulgadores que pueblan la Red, solo triunfan aquellos que enganchan con el alumno. «Hay mucha gente que, más que contenidos, ofrece un show –subraya Khan–. Otros saben mucho, pero aburren a las piedras. Supongo que conseguí aunar contenido y ritmo adecuados».

Esta criba, digamos, natural que se produce en la Red refuerza una de esas premisas educativas sobre las que cabe poca discusión: la clave de la buena enseñanza pasa por contar con buenos profesores. Este es, precisamente, uno de los puntos que a Ken Robinson le gusta subrayar. «Ya sea por Internet, a distancia o en persona, cualquier estudiante puede seguir un programa de estudios inadecuado –apunta–. Lo importante es que tus esfuerzos se enfoquen en la dirección correcta para sacar lo mejor de ti mismo, lo cual se consigue con una buena orientación. La tecnología es muy útil, pero sin buenos profesores que animen e impliquen a los alumnos seguimos igual».

«Implicar a los alumnos» es, para Robinson, otro de los conceptos que debe regir toda reforma educativa que se precie. Según él, nuestro sistema anula la individualidad al definir la inteligencia en función de las aptitudes académicas. «Deberíamos pasar –sugiere– de este sistema `industrial´ a uno ''agrícola'' donde el colegio ponga las condiciones para que nuestras capacidades puedan florecer».

Son ideas que enlazan con la teoría de las inteligencias múltiples elaborada por el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales Howard Gardner. Este psicólogo, investigador y profesor estadounidense entiende que cada persona posee talentos específicos y que estos determinan nuestro aprendizaje. «Puedes ser sobresaliente en matemáticas, de la media en idiomas y mediocre en dibujo –sustenta Gardner–. Todos poseemos fuerzas relativas en potencia, pero para desarrollarlas se necesita motivación, modelos, apoyos…». En opinión de Gardner, Robinson y un gran número de expertos, el sistema que trata a todos los alumnos igual no facilita el desarrollo de ese potencial. «Debemos despertar en los niños todo eso que está dentro de ellos», concluye Gardner.
Fernando Goita/Víctor Azevedo

Siete mentiras de la escuela tradicional, por Sir Robinson, el mayor experto del mundo

Una conferencia de 18 minutos en 2006 le hizo famoso. «Las escuelas matan la creatividad», dijo entonces en un discurso revolucionario sobre la educación. Nacido en Liverpool en 1950 en el seno de una familia trabajadora de siete hermanos, la escuela le cambió la vida. «Un profesor descubrió el talento en un chaval poliomelítico de barrio y apostó por él». Catedrático, escritor y conferenciante, Robinson asesora a gobiernos, empresas e instituciones culturales de todo el mundo.

Primera mentira: si te esfuerzas en el cole, de mayor tendrás un buen trabajo. Todos los países del mundo están llevando a cabo profundas reformas de la educación. Algo no funciona, pero nadie sabe muy bien qué es. Para Robinson, el problema es que el viejo axioma «si te esfuerzas, podrás acceder a la universidad y tendrás una carrera y un buen trabajo asegurado» ha muerto. Ya no se lo creen ni los profesores ni los propios niños. Educamos a los niños con ideas del pasado para un mundo cambiante que desconocemos.

Segunda mentira: todos los que suspenden son tontos. Las líneas maestras del sistema educativo fueron concebidas en plena Ilustración y están al servicio de una caduca revolución industrial. Por eso se siguen priorizando materias como las matemáticas o las ciencias. Según Robinson, se sigue dividiendo a los alumnos en académicos (o listos) y no académicos (o tontos). Eso ha «provocado el caos», mucha gente se queda fuera del sistema porque no es brillante, según la vara de medir de la Ilustración. «La pérdida de talento no es deliberada, pero es sistemática», sentencia Robinson.

Tercera mentira: se debe clasificar a los niños por edades. Ni las escuelas son fábricas ni los alumnos son productos. Por eso censura que los niños sean clasificados por `fecha de fabricación´, es decir, por edades. «Si estamos interesados en cambiar el modelo educativo, no deberíamos perpetuar una estandarización propia de la era industrial. La educación tiene que ver con desarrollar seres humanos, y el desarrollo humano no es lineal».

Cuarta mentira: el cole desarrolla la inteligencia de forma integral. El pensamiento divergente es la capacidad que tiene el ser humano de encontrar muchas respuestas posibles a una única pregunta. Según un estudio, el 98 por ciento de los niños tienen esa habilidad cuando entran en la guardería. Sin embargo, años después (tras pasar por el sistema educativo), el pensamiento divergente mengua dramáticamente. «Los niños crecen en un sistema que solo les permite manejar una respuesta posible».

Quinta mentira: hay una epidemia de falta de atención. Se estima que entre el cinco y el diez por ciento de los niños en edad escolar sufren déficit de atención. Para Robinson, ese diagnóstico es tan «equivocado como ficticio». Y denuncia que «se trata de una moda médica. Los niños afectados están siendo medicados de forma rutinaria». Él echa la culpa de la falta de concentración a la sobreestimulación provocada por un consumo excesivo de televisión, Internet, publicidad o videojuegos. El sistema educativo de toda la vida no logra interesar a alumnos que han crecido en un mundo diferente.

Sexta mentira:la solución es exigir menos a los alumnos. El objetivo de la escuela debería ser identificar las aptitudes naturales y potenciarlas. «No pido que se exija menos a los alumnos, sino más al colegio», explica. Para ilustrarlo, Robinson siempre escoge el ejemplo de genios como Paul McCartney, George Harrison o Elvis Presley, a quienes la escuela les colgó el cartel de `zoquetes´. Nadie supo detectar su don para la música ni fomentarlo.

Séptima mentira:la inteligencia se mide con un test. Los test de inteligencia, según Robinson, son un invento supremacista. Para él, el talento es algo tan personal e intransferible como una huella dactilar. La clave es de qué manera eres inteligente; no si lo eres.

Y una conclusión:¡descubre tu elemento! La ecuación, tal y como afirma Robinson, es simple: «talento más pasión igual a éxito». El intríngulis es descubrir cuál es. En ese proceso, los padres juegan un papel clave. Ellos deben reconocer aquellas habilidades naturales de los niños y potenciarlas para que florezcan.  


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