23 nov. 2010

El efecto de sustitución, el deporte y otros


Hace un año y medio, mis amigos y yo íbamos al único gimnasio local en la zona donde vivimos. Pero debido a la subida de precios que ha ido experimentando el mismo (según parece por la crisis y la bajada de clientes, argumenta el dueño), todos hemos ido dejándolo y hemos buscado otras alternativas. Unos hacen ahora natación, otros corren o montan en bicicleta o juegan la padel de dobles que es más divertido que levantar una mancuerna.

Estuve pensando en esto, que es aplicable a mil cuestiones distintas y me acordé del libro Gratis de Chris Anderson. En alusión a esto, Chris Anderson recoge en su libro Gratis las siguientes apreciaciones:

En septiembre de 1980, Paul Ehrlich, un biólogo poblacionista, y Julian Simon, economista, hicieron una apuesta, recogida públicamente en las páginas del Social Science Quarterly, sobre el precio futuro de algunos productos.

Simon apostó públicamente 10.000 dólares a que, en su opinión, «el precio de las materias primas no controladas por el Gobierno (incluyendo cereales y petróleo) no subiría a largo plazo". Erlich aceptó la apuesta, y puso como fecha límite el 29 de septiembre de 1990, es decir, diez años después. Si los precios de diversos metales, descontada la inflación, aumentaban durante ese periodo, Simon pagaría a Ehrlich la diferencia combinada; si los precios bajaban, Ehrlich pagaría a Simon. Ehrlich eligió cinco metales: cobre, cromo, níquel, estaño y tungsteno. Ed Regis, de Wired, informó sobre los resultados. Entre 1980 y 1990, la población mundial creció en más de 800 millones de personas, el mayor incremento en una década de toda la historia. Pero en septiembre de 1990, sin una sola excepción, el precio de cada uno de los metales elegidos por Ehrlich estaba por los suelos El cromo, que se vendía a 3,90 dólares la libra en 1980, había caído a 3,70 dólares en 1990. El estaño, que estaba a 8,72 dólares la libra en 1980, había caído a 3,88 dólares una década más tarde».

¿Por qué ganó la apuesta Simon? En parte porque era un buen economista y comprendió el efecto de sustitución: si un recurso se vuelve demasiado escaso y caro, suministra un incentivo para buscar un sustituto abundante, que desvía la demanda del recurso escaso (como la actual carrera por encontrar sustitutos del petróleo). Simon creía, y con razón, que el ingenio humano y la curva de aprendizaje de la ciencia y la tecnología tenderían a crear nuevos recursos con más rapidez de lo que los usamos.


Esa es la cuestión. Por mucho que nos intenten vender que tal producto es mucho mejor ,según mi modo de verlo solo en el caso de que para nosotros tenga un alto valor añadido seguiremos pagando por ello. Creo que principalmente lo haremos si ello nos cubre una necesidad básica o sirva para que nos vean de una determinada manera. Por ejemplo, en una sociedad como la nuestra, la apariencia es una realidad. Muchos compran un coche u otro, llevan determinadas marcas o hacen determinadas cosas para aparentar que son de una determinada posición social y económica. Aunque muchas veces no sea así.


Fuera de esto, actuaremos como predijo Simon: Cuando un bien se vuelve escaso o caro, buscaremos otra alternativa que nos satisfaga por un precio igual o inferior. Ingenio humano y supervivencia adquirida.

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